dimarts, 2 de novembre de 2010

079 ¿Para qué vivir o para qué morir?

AUTOR: Gala de Dalí

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IES LLOMPART ha dit...

La vida. Minutos, horas, meses, años. Qué más da. Llegamos como cualquier otro animal. Y moriremos como tales. Todas y cada una de las personas que ahora están pisando la Tierra, serán polvo dentro de un siglo y medio. Absolutamente todas. ¿Qué quedará? ¿Un libro? ¿Un descubrimiento científico? ¿Una película? ¿Fotos?... ¿Y qué? Hay millones de libros ya escritos, películas rodadas, mil hallazgos revelados, álbumes ocupando estanterías enteras. Todo lo que tú hagas, tus cosas, cuadros o escritos, chistes y bromas, besos y palabras cálidas, objetos guardados bajo llave por las memorias que conllevan, todo aquello que te unía a la vida, será donado, regalado, posado en una repisa, empaquetado en el desván, enterrado junto a tus huesos. Quedará, tal vez, el recuerdo. Tus hijos, tus amigos pensarán en ti hasta que ellos sean también polvo y nada, y con ellos se extinguirá la última esencia de ti en el Mundo. Nacemos condenados a la muerte. Y morimos condenados por la vida pasada. ¿Libres? A mi parecer, somos esclavos siempre: al nacer, al vivir, al morir. Nacemos sin haber elegido hacerlo, vivimos esclavos de prejuicios sociales, de imposiciones temporales, del vivir cada segundo. Mientras vivimos, no podemos elegir morir, fatalidad absoluta para los que nos rodean. Mientras estamos muertos somos esclavos del olvido. Claro está que la vida y la muerte no las podemos abarcar, lo único que tenemos para explotar es la vida. La vida. ¿Y qué hacer mientras uno vive? Estudiar. Para ampliar conocimientos, saber todos los males pasados y todos los males que sufrirán los que vengan; para comprender mejor esta vida y transmitir lo sabido a nuestros hijos. ¿Para qué, pregunto, si ellos también serán polvo y nada? O trabajar. Para ganarte la vida y vivir con un dinerillo. Y si se puede acaparar, cuanto más, mejor. ¿Para qué, repito, si el dinero circulará siempre, en este mundo estúpido e ilógico, dotado de normas carentes de sentido? No te lo llevarás al morir. Y tus hijos tampoco. Y si uno ha tenido una buena vida, rebosante de amor, cariño y el prejuicio que denominamos libertad, es muy posible que, si no muere antes, acabe sus días en una fría residencia, siendo encadenado a la vida, prisionero que espera a que esta se mude. Viendo como se evaporan las caras de familiares, amigos y amores, sintiendo que le van hurtando lentamente los recuerdos, pintándole lagunas en la mente y en la frente arrugas, hasta olvidarse del respirar. Morimos, entonces, peor que un animal, ya que este no ha sufrido al ver como el hilo de la vida se iba rasgando, como sus memorias caían a un vacío infinito. Y pasamos a ser polvo y nada. Al igual que todo. Siempre.